BIBLIOTECA TERCER MILENIO

LA BIBLIA

     
ANTIGUO TESTAMENTO -REYES-I
 

SEGUNDA PARTE-HISTORIA SINCRÓNICA DE LOS REYES HASTA ACAB Y JOSAFAT

Capítulo 19
Va Elías a Horeb huyendo de Jezabel
   
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Acab hizo saber a Jezabel lo que había hecho Elías y cómo había pasado a cuchillo a los profetas,
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y Jezabel mandó a Elías un mensajero para decirle: “Así me hagan los dioses y así me añadan si mañana a estas horas no estás tú como uno de ellos.”
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Temió, pues, Elías y se levantó y huyó para salvar su vida, y llegó a Berseba, que está en Judá; y dejando allí a su siervo,
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siguió él por el desierto un día de camino y sentóse bajo una mata de retama; deseó morirse, y dijo: “¡Basta, Yavé! Lleva ya mi alma, que no soy mejor que mis padres.”
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Y, echándose allí, se quedó dormido. Y he aquí que un ángel le tocó, diciéndole: “Levántate y come.”
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Miró él y vio a su cabecera una torta cocida y una vasija de agua. Comió y bebió y luego volvió a acostarse;
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pero el ángel de Yavé vino por segunda vez y le tocó, diciendo: “Levántate y come, porque te queda todavía mucho camino.”
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Levantóse, pues; comió y bebió, y anduvo con la fuerza de aquella comida cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, Horeb.
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Allí metióse en una cueva, donde pasó la noche, y le dirigió Yavé su palabra, diciendo: “¿Qué haces aquí, Elías?”
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El respondió: “He sentido vivo celo por Yavé Sebaot, porque los hijos de Israel han roto tu alianza, han derribado tus altares y han pasado a cuchillo a tus profetas, de los que sólo he quedado yo, y me están buscando para quitarme la vida.”
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Díjole Yavé: “Sal afuera y ponte en el monte ante Yavé. Y he aquí que va a pasar Yavé.” Y delante de él pasó un viento fuerte y poderoso que rompía los montes y quebraba las peñas, pero no estaba Yavé en el viento. Y vino tras el viento un terremoto, pero no estaba Yavé en el terremoto.
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Vino tras el terremoto un fuego, pero no estaba Yavé en el fuego Tras el fuego vino un ligero y blando susurro.
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Cuando lo oyó Elías, cubrióse el rostro con su manto, y, saliendo, se puso de piec a la entrada de la caverna y oyó una voz que le dirigía estas palabras: “¿Qué haces aquí, Elías?”
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Y él respondió: “He sentido vivo celo por Yavé Sebaot, porque los hijos de Israel han roto tu alianza, han derribado tus altares y han pasado a cuchillo a tus profetas, de los que sólo quedo yo, y me buscan para quitarme la vida.”
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Díjole entonces Yavé: “Vete; vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco, y, cuando llegues, unge a Jazael por rey de Siria,
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y a Jehú, hijo de Nimsi, le unges por rey de Israel. A Eliseo, hijo de Safat, de Abelmejola, le ungirás para que sea profeta en lugar tuyo.
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Al que escapare de la espada de Jazael le matará Jehú, y al que escapare de la espada de Jehú le matará Elíseo.
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Voy a dejar con vida en Israel a siete mil, cuyas rodillas no se han doblado ante Baal y cuyos labios no le han besado.”
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Partió de allí y halló a Elíseo, hijo de Safat, que estaba arando con doce yuntas, una de las cuales era la suya; y pasando Elías junto a él, echóle su manto;
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y él, dejando los bueyes, se vino corriendo tras Elías y le dijo: “Déjame ir a abrazar a mi padre y a mi madre, y te seguiré.” Elías le respondió: “Ve y vuelve, pues ya ves lo que he hecho contigo.”
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Alejóse de Elías, y, cuando volvió, cogió el par de bueyes y los ofreció en sacrificio; con el yugo y arado de los bueyes coció la carne e invitó a comer al pueblo, y, levantándose, siguió a Elías y se puso a su servicio.